El Viaducto de Millau

Finalizado en 2004, el Viaducto de Millau es una de las obras de la ingeniería más famosas de los últimos tiempos. Se trata de un puente atirantado, obra del ingeniero Michel Virlogeux y del arquitecto Norman Foster.

La nueva ruta Perpiñán -París vía Clermont-Ferrand, a través del Macizo Central supuso una reducción sustancial de distancia, ya que las anteriores rutas rodeaban esta región y por tanto eran más largas. Sin embargo, este nuevo trayecto presentó tramos en los que el trazado presentó dificultades, como el valle de Millau.

Ante las opciones que se barajaron para salvar este obstáculo, la definitiva fue atravesar el valle por el medio, mediante un viaducto.

La obra duró 3 años y los costes ascendieron a unos 400 millones de euros. Primero se construyeron las pilas que soportarían los pilonos en la construcción definitiva. Luego se construyó el tablero a ambos extremos y fue empujado sobre las pilas, literalmente. A continuación se colocaron las torres de atirantamiento.

Hablando de cifras, se utilizaron 127.000 m3 de hormigón, 19.000 toneladas de acero y 5.000 toneladas de hormigón pretensado. Alcanza una altura máxima de 343 metros sobre el río Tarn -la calzada alcanza una altura máxima sobre el mismo de 270 metros-, y la longitud es de 2460 metros.

Al finalizarse, el Viaducto de Millau consiguió el título de puente más alto del mundo, y también de puente más alto del mundo si se toma como referencia el nivel de la calzada. Sin embargo en menos de diez años ya ha perdido ambos títulos, a favor del puente sobre el río Arkansas, Estados Unidos (321 metros), y del puente Baluate-Bicentenario, Mexíco (402 metros), respectivamente.

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